Por: Lic Psic. Miriam A. Arrona Gómez. Cédula: 13764801
Cuando un ser querido inicia un proceso de internamiento por adicción, es común que la familia se quede con un vacío lleno de preguntas, emociones encontradas y una sensación de impotencia. Sin embargo, este tiempo también puede ser una valiosa oportunidad para que la familia inicie su propio camino de sanación.
En Casa de Vida Caminemos Juntos, creemos que la recuperación es un proceso familiar. La persona internada no es la única que necesita apoyo, información y herramientas para transformarse.
1. Informarse: Comprender la adicción cambia la forma de acompañar
Mientras tu familiar está en tratamiento, es fundamental que puedas conocer más sobre lo que significa vivir con una adicción. Comprender cómo funciona el cerebro adicto, el ciclo del consumo y los patrones familiares que influyen en la enfermedad puede ayudarte a dejar de actuar desde la culpa o el miedo, y comenzar a acompañar desde el amor informado.
Recomendación: Participa en talleres para familiares, pide material de lectura, haz preguntas al equipo terapéutico.
2. Hacer una pausa emocional y reflexionar sobre tu propio rol
Es natural que sientas alivio por saber que tu ser querido está en un lugar seguro. Aprovecha ese respiro para observarte: ¿Has estado viviendo en constante tensión? ¿Te has descuidado emocionalmente? ¿Has cargado culpas que no te corresponden?
La adicción afecta a toda la familia, y este es un buen momento para iniciar también tu propio proceso de acompañamiento o terapia.
3. Evitar el control y practicar la confianza
Muchas veces, el impulso de “ver qué está haciendo” o “comprobar si está cambiando” puede invadirnos. Pero el tratamiento funciona cuando hay espacio y respeto por el proceso del otro.
El control excesivo daña el vínculo y genera más tensión. Confía en el acompañamiento profesional, y si tienes dudas, canalízalas con el equipo terapéutico.
4. Participar activamente en el proceso terapéutico
Cuando la clínica ofrece espacios de terapia familiar, reuniones o actividades conjuntas, no dudes en participar. Estos momentos son claves para trabajar heridas, fortalecer el vínculo y establecer nuevos acuerdos para la vida después del alta.
5. Preparar el regreso con conciencia
El internamiento no es la meta final, es un tramo del camino. Pensar cómo va a ser la vida de ambos cuando esa persona regrese al hogar es fundamental: ¿Qué límites serán necesarios? ¿Qué rutinas o cambios deben establecerse? ¿Cómo se mantendrá la red de apoyo?
Una familia preparada emocionalmente puede ser un factor protector enorme frente a las recaídas.
6. Cuidarte también es cuidar
Recuperar tu descanso, retomar actividades personales, alimentarte bien, hacer ejercicio, tener momentos de placer y de contacto con otras personas: todo eso es también parte del proceso. Cuando te cuidas, recuperas energía y serenidad para sostener lo que viene.
7. Romper el silencio familiar
En muchas familias donde hay una persona con adicción, existe una regla: “de esto no se habla”. El silencio genera vergüenza, aislamiento y mucha soledad emocional.
Durante el internamiento, es momento de abrir espacios de diálogo honesto dentro de la familia. Hablar con los hijos pequeños de forma adecuada, permitir que los hermanos expresen cómo se sienten, y dejar de cargar todo en silencio, es parte de sanar.
“Hablar sana. Nombrar el dolor es el primer paso para transformarlo.”
8. Evitar caer en los extremos: la sobreprotección o el abandono
Algunas familias, por miedo o desesperación, tienden a asumir todos los problemas del ser querido, a rescatarlo constantemente o a evitarle consecuencias. Otras, por hartazgo o enojo, se alejan totalmente.
La recuperación necesita equilibrio: ni soltar por completo, ni asfixiar con vigilancia o dependencia. El acompañamiento saludable es firme y amoroso a la vez.
9. Entender que el cambio toma tiempo
No hay cambios mágicos. La transformación de una persona adicta no es inmediata ni lineal. Es común que al principio haya avances rápidos, pero luego se enfrenten etapas de resistencia, frustración o cansancio.
Como familia, es importante regular las expectativas y evitar presionar con frases como:
- “Ya llevas un mes, ¿por qué no estás mejor?”
- “¿Cuándo vas a cambiar de verdad?”
- “¿Otra vez estás igual?”
La constancia, la empatía y el realismo son grandes aliados del proceso.
10. Aprender a poner límites sanos
Un límite no es castigo, es una forma de cuidar el vínculo. Mientras el familiar está internado, es momento ideal para reflexionar:
- ¿Qué conductas ya no vas a permitir en el hogar?
- ¿Qué consecuencias claras tendrá un incumplimiento?
- ¿Cómo vas a comunicar esos límites sin gritos ni amenazas?
Aprender a decir “no” con amor es uno de los cambios más potentes que puede hacer una familia.
11. Buscar apoyo: nadie puede solo
Además del acompañamiento profesional, muchas familias se benefician enormemente de grupos de apoyo como Al-Anon (familiares de alcohólicos), Nar-Anon (familiares de consumidores de drogas) o espacios terapéuticos grupales ofrecidos por clínicas especializadas.
Escuchar otras historias, sentirse comprendido y saber que no estás sola/o es profundamente sanador.
En resumen:
- Infórmate y participa.
- Confía en el proceso.
- Atiende tus emociones.
- Aprovecha los espacios de apoyo para ti.
- Prepárate para el reencuentro.
- Cuida de ti misma/o.
En Casa de Vida Caminemos Juntos, también caminamos junto a las familias, porque creemos profundamente que la recuperación florece en el amor, la comprensión y los vínculos sanos.
📍 Contáctanos para participar en nuestros talleres para familiares o recibir orientación personalizada.
Una familia que se transforma, es una base firme para la recuperación.
Un comentario
Hola ,buenos días, me interesa participar y recibir orientación